Mostrando entradas con la etiqueta El Olmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Olmo. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de abril de 2019

El olmo (Miguel Arteche)


Surviving Elm Tree by Derek Walsom


Brillante es el silencio del agua subterránea después de la tormenta: resplandece el acanto bajo la lluvia. Muros blancos guardan la tierra que yo fundé, y el olmo que conmigo envejece bajo las mismas lunas de otros años me dice que no en vano ha pasado el río por nosotros. Durante todo el día pensé si esto era un  sueño.

O una forma del sueño sin salir de sus puertas marfileñas. Los ojos son estrellas: recuerdan constelaciones mías que olvidé en el destierro.
¿Cómo pude dejarlas? De aquéllas son mis huesos.
No sólo de tierra vive el hombre en esta vida sino de todo árbol del cielo de su tierra.

Verde es la oscuridad que los minutos rasgan y las sábanas oyen. Se ha levantado el viento en la noche. Las nubes entraron en la casa
y en el olmo dormido. ¿Acaso me llamaste otra vez en las noches? Me levanto: el jardín dobló su oscuridad triplicando el silencio.
Yo fui el que me llamó. Y me escucho allá lejos.

Detrás de aquellos lirios se adivina la nieve de las montañas solas. Durante todo el día
pensaba en ti, mi tierra, con mi cuerpo de tierra, mientras la lluvia acerca lo que estaba perdido, y los cielos murmuran. Helados son los años
de estas noches, sagradas sus raíces: con ellas el sol entró otra vez en el tronco del olmo.

Cuántas veces me dije si esta tierra era mía, mío mi nacimiento: si será mía la muerte
que me toque en el juego, si su carta es lanzada mañana en el pasado y no la ven mis ojos
mientras escribo ahora. Alguien me toca el hombro


y señala mi mano de medianoche: tú
serás el que escriba por mí, y yo seré el otro.

Aquí está mi país bajo los pies del mundo, no allá donde estuvo mi sangre, si la sangre pudiera rescatar a mis antepasados.
Aquí nací, y no allí, aunque otro mar me llame: las olas de ese norte que vieron mis abuelos
y que en mi sueño vuelven. He de morir aquí, perdida mi memoria, en tierra de mi tierra.

Silencio, y ya no estoy: me vuelvo a sentir solo bajo el sello lunar y el ruido de mis  pasos
que de mí mismo me abandonan: mañana
tú estarás en el centro del jardín, y en la noche yo tocaré tus ramas, olmo que permaneces cuando me llames sin que pueda responderte.

Último paseo (Joan Margarit)

Ya no comía. Y se me caía el cabello. Estaba todo el día con los ojos cerrados. Pero salí al balcón de madrugada y alguien desde la acera, b...