domingo, 28 de abril de 2019

Estoy sentada en medio de la soledad del bosque... (Marosa di Giorgio)




Estoy sentada en medio de la soledad del bosque. Los nogales –con qué precisión– acomodan sus frutos exquisitos dentro de las bolsitas de madera. Se oye el breve alarido de las martas que buscan amores. En la casa todos descansan y parece que no hay nadie. Sólo yo, como siempre, no puedo dormir; ando con la pequeña lámpara de librium; pero, igual no puedo dormir. 
De pronto, se retrae el trabajo de los robles y el amor de las martas. 
Es que cruza un navío de otros mundos con su luz conmovedora. 
No sé por qué, me da miedo, e intento huir. 
Pero, la nave astral ha hecho crecer nuevas cosas. 
Y un duro cantero de azucenas me detiene.

viernes, 26 de abril de 2019

Los olivos (Antonio Machado)

Olivos, de Elidon Hoxha 

I

¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!
Son las tierras
soleadas,
anchas lomas,
lueñes sierras
de olivares recamadas.
Mil senderos. Con sus machos,
abrumados de capachos,
van gañanes y arrieros.
¡De la venta del camino
a la puerta, soplan vino
trabucaires bandoleros!
¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!
¡Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas!...
Olivares, Dios os dé
los eneros
de aguaceros,
los agostos de agua al pie,
los vientos primaverales,
vuestras flores racimadas;
y las lluvias otoñales
vuestras olivas moradas.
Olivar, por cien caminos,
tus olivitas irán
caminando a cien molinos.
Ya darán
trabajo en las alquerías
a gañanes y braceros,
¡oh buenas frentes sombrías
bajo los anchos sombreros!...
¡Olivar y olivareros,
bosque y raza,
campo y plaza
de los fieles al terruño
y al arado y al molino,
de los que muestran el puño
al destino,
los benditos labradores,
los bandidos caballeros,
los señores
devotos y matuteros!...
¡Ciudades y caseríos
en la margen de los ríos,
en los pliegues de la sierra!...
¡Venga Dios a los hogares
y a las almas de esta tierra
de olivares y olivares!

miércoles, 24 de abril de 2019

Robé a los Bosques (Emily Dickinson)

Bosques por Martín Carrique

Robé a los Bosques,
los confiados Bosques.
Los desprevenidos Árboles
mostraron sus Frutos y sus musgos
para complacer mi fantasía.
Escudriñé, curiosa, sus adornos;
se los arrebaté, me atreví a robar.
¿Qué dirá el solemne Abeto?
Y el Roble, ¿qué dirá?

viernes, 19 de abril de 2019

El olmo (Miguel Arteche)


Surviving Elm Tree by Derek Walsom


Brillante es el silencio del agua subterránea después de la tormenta: resplandece el acanto bajo la lluvia. Muros blancos guardan la tierra que yo fundé, y el olmo que conmigo envejece bajo las mismas lunas de otros años me dice que no en vano ha pasado el río por nosotros. Durante todo el día pensé si esto era un  sueño.

O una forma del sueño sin salir de sus puertas marfileñas. Los ojos son estrellas: recuerdan constelaciones mías que olvidé en el destierro.
¿Cómo pude dejarlas? De aquéllas son mis huesos.
No sólo de tierra vive el hombre en esta vida sino de todo árbol del cielo de su tierra.

Verde es la oscuridad que los minutos rasgan y las sábanas oyen. Se ha levantado el viento en la noche. Las nubes entraron en la casa
y en el olmo dormido. ¿Acaso me llamaste otra vez en las noches? Me levanto: el jardín dobló su oscuridad triplicando el silencio.
Yo fui el que me llamó. Y me escucho allá lejos.

Detrás de aquellos lirios se adivina la nieve de las montañas solas. Durante todo el día
pensaba en ti, mi tierra, con mi cuerpo de tierra, mientras la lluvia acerca lo que estaba perdido, y los cielos murmuran. Helados son los años
de estas noches, sagradas sus raíces: con ellas el sol entró otra vez en el tronco del olmo.

Cuántas veces me dije si esta tierra era mía, mío mi nacimiento: si será mía la muerte
que me toque en el juego, si su carta es lanzada mañana en el pasado y no la ven mis ojos
mientras escribo ahora. Alguien me toca el hombro


y señala mi mano de medianoche: tú
serás el que escriba por mí, y yo seré el otro.

Aquí está mi país bajo los pies del mundo, no allá donde estuvo mi sangre, si la sangre pudiera rescatar a mis antepasados.
Aquí nací, y no allí, aunque otro mar me llame: las olas de ese norte que vieron mis abuelos
y que en mi sueño vuelven. He de morir aquí, perdida mi memoria, en tierra de mi tierra.

Silencio, y ya no estoy: me vuelvo a sentir solo bajo el sello lunar y el ruido de mis  pasos
que de mí mismo me abandonan: mañana
tú estarás en el centro del jardín, y en la noche yo tocaré tus ramas, olmo que permaneces cuando me llames sin que pueda responderte.

lunes, 15 de abril de 2019

La Cuna (Juana de Ibarbourou)

An Interior With A Mother And Child, de George Goodwin Kilburne


Si yo supiera de qué selva vino
El árbol vigoroso que dio el cedro
Para tornear la cuna de mi hijo…
Quisiera bendecir su nombre exótico.
Quisiera adivinar bajo qué cielo,
Bajo qué brisas fue creciendo lento,
El árbol que nació con el destino
De ser tan puro y diminuto lecho.

Yo elegí esta cunita
Una mañana cálida de Enero.
Mi compañero la quería de mimbre,
Blanca y pequeña como un lindo cesto.
Pero hubo un cedro que nació hace años
Con el sino de ser para mi hijo,
Y preferí la de madera rica
Con adornos de bronce.  ¡Estaba escrito!

 A veces, mientras duerme el pequeñuelo,
Yo me doy a forjar bellas historias:
Tal vez bajo su copa una cobriza
Madre venía a amamantar su niño
Todas las tardecitas, a la hora
En que este cedro amparador de nidos,
Se llenaba de pájaros con sueño,
De música, de arrullos y de píos.

¡Debió de ser tan alto y tan erguido,
Tan fuerte contra el cierzo y la borrasca,
Que jamás el granizo le hizo mella
Ni nunca el viento doblegó sus ramas!

Él, en las primaveras, retoñaba
Primero que ninguno.  ¡Era tan sano!
Tenía el aspecto de un gigante bueno
Con su gran tronco y su ramaje amplio.

Árbol inmenso que te hiciste humilde
Para acunar a un niño entre tus gajos:
¡Has de mecer los hijos de mis hijos!
¡Toda mi raza dormirá en tus brazos!

viernes, 12 de abril de 2019

Plantando el árbol (Gabriela Mistral)

Tree of life, de Peggy Bowie Davis 


Abramos la dulce tierra
con amor, con mucho amor;
es éste un acto que encierra,
de misterios, el mayor.

Cantemos, mientras el tallo
toca el seno maternal.
Bautismo de luz da un rayo
al cono piramidal.

Le entregaremos ahora
a la buena agua, y a vos,
noble sol; a vos, señora tierra,
y al buen Padre Dios.

El Señor le hará tan bueno
como un buen hombre o mejor;
en la tempestad, sereno,
y en toda hora, amparador.

Te dejo en pie. Ya eres mío,
y te juro protección,
contra el hacha, contra el frío,
y el insecto y el turbión.

A tu vida me consagro;
descansarás en mi amor.
¿Qué haré que valga el milagro
de tu fruto y de tu flor?

lunes, 8 de abril de 2019

Hay entre los árboles... (Juan L. Ortiz)

Bosques de Serguei Toutounov


Hay entre los árboles una dicha pálida,
final, apenas verde, que es un pensamiento
ya, pensamiento fluido de los árboles,
luz pensada por éstos en el anochecer?
Imágenes oscuras, los pájaros, vacilan
y quiebran, al fin, tímidas frases entre las hojas:
la pura voz delgada de ese pensamiento
que quiere concretarse porque empieza a sufrir.
¿Sufrir por qué? Alado, tiembla hacia las nubes,
miedoso de perderse, de morir, a pesar
de la gravitación ya sensible de algunas
estrellas, y del llamado espectral de las flores.

viernes, 5 de abril de 2019

Piedra negra o del temblor (Leopoldo María Panero)



I

Este árbol es para los muertos. Para nadie más que los muertos.
Crece, todopoderoso sobre la tierra, como un ciprés gigantesco,
como un fantasma al que
niños babeantes abrazarán con frenesí, y gritando como ratas
¡Scardanelli, Scardanelli!
           Y el recuerdo apesta.
Y la vida apesta, como lo que es, como una mujerzuela
que te mira el momento de acostarse, y ver entre las sábanas su
cuerpo infecto
como una mujerzuela
esperando en una esquina para siempre la muerte
como el encuentro a solas de Jack the ripper
con su recuerdo, en una habitación a oscuras, sin más recuerdo
de lo humano que una estufa y unos pies y un periódico arrugado.
Y que este encuentro firme este poema,
este feto de ángel, esta excusa

lunes, 1 de abril de 2019

A un olmo seco (Antonio Machado)

Study of the Trunk of an Elm Tree, de John Constable
       

  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Último paseo (Joan Margarit)

Ya no comía. Y se me caía el cabello. Estaba todo el día con los ojos cerrados. Pero salí al balcón de madrugada y alguien desde la acera, b...