domingo, 24 de marzo de 2019

El hijo del guardabosques (Juvencio Valle)

Guardabosques, Carlos Céspedes

XV


Bosque, dame las llaves de tu escondido reino;
fronda, tu vasto océano de delgadas harinas;
puelche, tu empuje frío, tu caracol sonoro;
río, tu cinturón de ceñir continentes;
noche, tus yunques fríos, tus herreros nocturnos;
cielo, tu permanente asamblea de pájaros.

Tierra, dame la fiesta de tus ardientes iris.
Topatopa, tus oros; salvia, tus azulejos;
copihue legendario, tu purpurina veste;
chico de los barrancos, tu faldellín morado;
michay de los linderos, tu tornasol celeste;
dondiego de la noche, tu medallón morada.

Lingue, dame tu sombra suave como de aceite;
patagua, tu abrevadero de ángeles y pájaros;
laurel, tus hojas de oro para ceñir mi frente;
ulmo, tu colmenar de desbordadas mieles;
coigüe, tu paragüero de horizontales alas.

Araucaria orgullosa, dame tu alta columna;
roble, tu pecho áspero de gigante y atleta;
luma, tu acero heroico; quila, tus enramadas;
boldo, para mis males, tu virginal botica;
canelo, para mis dudas, tus altares abiertos.

Temuco de la Frontera, dame tu tren llovido;
Carahue zozobrante, tus oxidadas hachas;
Villa-Almagro lejano, tus abiertos diluvios;
Boroa, las leyendas de tus vírgenes rubias;
Imperial, el tesoro de tus aguamaniles;
Budi de los suspiros, dame tu Augusto Winter.

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